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11.3.20

Algunos lugares: serie web de escritores costarricenses



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En el placer del texto conversando sobre Extrañamiento


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Extrañamiento publicado por Ediciones 1390 en mayo del 2019.



Presentamos Extrañamiento con Adrián Flores de Ediciones 1390 y Luis Chaves el 13 de mayo, 2019 en Buchón. Es al mismo tiempo la despedida de Ediciones 1390 y el lanzamiento de Pequeño relato de un viajero en el tiempo de Adrián Flores y Secar en invierno de Víctor Mojica.


Seis años de sexo publicado por Editorial Arlekín, febrero 2018.




Editorial Arlekín presenta 'Seis años de sexo' de Paula Piedra.

Presentadores: Silvia Piranesi, Carla Pravisani, Camilo Retana y Melina Valdelomar.


'Seis años de sexo' recopila las columnas de sexo que se publicaron en la revista SOHO 
Costa Rica desde diciembre 2006 hasta diciembre 2012.

LEER AQUÍ la presentación de Camilo Retana.

LEER AQUÍ la presentación de Paula Piedra.


En el placer del texto conversando sobre Nido en la garganta

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Ilustración de Eric Mora Cole

Ejercicios Mentales/Notas al margen: una reseña de Camilo Retana



Camilo Retana escribe “Texto sin contorsiones” en el Semanario Universidad.
Una reseña de Ejercicios Mentales/Notas al margen publicado por Editorial Germinal en el año 2012.

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En el placer del texto conversando sobre Seis años de sexo

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En Literofilia conversando sobre Seis años de sexo y Nido en la garganta

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Nido en la garganta: entrevista

En octubre del 2017 publicamos Nido en la garganta con la Editorial Ambigú (Silvia Piranesi y Esteban Chinchilla), ilustrado por el hermoso Eric Mora Cola.

Dejo acá el prólogo que escribió Diego van der Laat:

AL OTRO LADO DEL CABLE hay un teléfono que suena y que nadie contesta. Al hacerlo, al levantar el auricular y atender la llamada no se escucha nada. La voz lo intenta pero no logra pasar por la línea y se queda atorada adentro de quien llama, como si un pájaro inmenso  y mudo hubiera anidado con el tiempo ahí su casa, en una garganta ajena. Hay un cúmulo de palos y plumas que tranca el mensaje, un nudo que ahoga la tráquea. 


Poco a poco la voz empieza a golpear la tranca y el nudo cede y lo que sale no es solamente una frase sino treinta textos de un solo golpe, y es como una cabeza de agua que corre aguas abajo por el cable y que deja atrás el nudo en la garganta que lo contuvo todo este tiempo. Una escalera eléctrica, una carnada, un hueco, un libro escrito por un bisabuelo muerto, una casa materna, un cúmulo involuntario de caras de gente, una cueva en Barra Honda, las hormigas de un tele que se queda encendido toda la noche y la imagen de una niña que se hace adulta viendo esas imágenes en blanco y negro y escuchando la estática que sale del parlante viejo de lo que registra memoria.

Este libro es eso. Tenerlo en las manos y abrirlo, es contestar el teléfono, darle la vuelta a cada página y leer, es contestar esa llamada, es el ruido de la estática y en el cause, los pedazos de la casa destruida de un pájaro que era mudo y que ya no.


En el 2018 Natalia Díaz Zeledón me entrevistó para La Nación: LEER AQUÍ

Seis años de sexo: entrevista

En el 2015, Priscila Gómez me entrevistó para La Nación sobre la publicación de Seis años de sexo por la Editorial Germinal en el 2014.

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2.9.14

Publico "Seis años de sexo" con Editorial Germinal






En noviembre del 2006, participaba de una reunión no oficial del recién conformado equipo a cargo de la Revista SoHo Costa Rica. Para aportar, sugerí que la columna de sexo fuera más sobre historias de sexo contadas desde la perspectiva de una chica y menos sobre las fantasías sexuales de los hombres contadas desde una voz femenina. Lo que gané con el comentario fue un lapidario: ¡hacela vos!

Acepté. Las historias fueron publicadas en la Revista SoHo Costa Rica desde diciembre del 2006 hasta diciembre del 2012 como la Columna de Sexo. En orden cronológico, los editores con quienes trabajé fueron Karina Salguero-Moya, Luis Chaves y Adrián Granados.
Cada una de estas columnas fue concebida desde el anonimato y consecuentemente firmada con seudónimo. Caridad vivió desde finales del 2006 hasta enero del 2010. Era una chica que hablaba en primera persona para contar con detalle sus encuentros sexuales. Una variación sutil apareció con Sofía en febrero del 2010. Fue casi la misma chica, pero con más opiniones que otra cosa. En diciembre del 2011, el personaje dio un giro considerable, cuando escribí desde Kattia, ella cobraba -y mucho- por tener sexo. Ya sea con Caridad, Sofía o Kattia, mes a mes conté las experiencias de amor, sexo, relaciones y los juegos de conquista de cada uno de estos personajes.
Nunca pensé en levantar el anonimato de mi autoría. Pero las ideas están para cambiarlas.

Paula Piedra.San José, julio 2014.


Muchísimas gracias a todos los involucrados en esta publicación:


- Daniel Samper de SoHo Colombia por darnos los derechos de autor para reproducir estas columnas

- Karina Salguero-Moya por prologarlo

- Luis Chaves y Marcela Hernández (Maca) por revisarlo

- Sebastián Barrantes por ilustrar la portada

- Juan Hernández de Editorial Germinal por publicarlo


21.7.05

Ejercicios mentales




Entre ropas ajustadas se buscaba el alma

Hoy fui a la playa,
me tumbé en la arena,
aceité mi cuerpo y
luego vi cómo te veías
vos en pantaloneta.
Ejercicios todos mentales.



X (léase equis)

Yo estaba acariciando tu cuello
bronceado,
vos,
atendiendo la
autopista.
Como escribimos mal las direcciones
apuntamos al oeste,
en la tarde,
para que el sol nos chocara en los párpados
y las pestañas nos sirvieran de algo.



La fecha es importante

No sé de su paradero.
Lo último dicho
fue que iba para Barcelona
en un bus que tardaría
veinte horas.
Tal vez menos.
Y posiblemente más:
la lluvia,
la nieve,
quedarse dormido
junto al cariño.




Selección instintiva de sujeto para aparearse

Vamos en tu carro,
divagando por el mismo lugar.
Siempre son las 10:30 p.m,
es cuestión de ajustar el tiempo.
Lo demás es cantar.
Y si las manos no alcanzan,
nunca bajar la mirada.



Amanecer en apuros

Junto a la cama,
tiene una colección de fotos.
Yo me vi
entre otras caras.

Pero sé que no estoy en archivo.

Al caminar,
por la espalda,
se le viene
desenredando mi nombre.



Octubre

Bajo a oscuras la calle que me ha visto amanecer.

La vuelta siempre es rápida,
sabe a anhelo consumido.

Otros se quedaron estacionados en el rojo,
cubiertos de vapor y olor a fibra.

Te estuve esperando toda la noche.

Ahora me conformo con caminar a solas.

No había postes de luz y perdí de vista a mi sombra.
Peor que haber sido amordazada
en un operativo para darme muerte.

Pero en fin,
a oscuras, caminando y sola.



Usted no entendió nada

Yo quería dibujarte mi país,
anotar mi dirección en el revés de una factura.
Que viéramos juntos el último amanecer,
verte recorrer, de espaldas, el tramo hacia el avión.
Tal vez fue todo culpa de una hamaca,
por incómoda,
o la lluvia que te dejó atrapado en mi automóvil,
o porque soy muy guapa,
entonces te asustabas.
Pero,
no hubo tiempo para memorizar tus manos,
la marca de jeans que usás,
ni la manera de articular tus labios cuando besan.
Hubiera querido tener una hamaca cómoda,
ver el último amanecer que nos quedaba,
pelearnos,
preguntarte el segundo apellido.



Viviendo el trópico

Por fin la lluvia paralizó las palabras.
Tratamos de escuchar las notas musicales
que se quedan perdidas en el cielo raso,
atraídas por el constante martilleo del agua en las latas de zinc.

Malabareamos miradas, medias
y el cuerpo del otro.

Pero cuando llueve,
el tiempo escasea.



Rebotes

Me parece reconocer
las figuras que caminan
cuesta abajo en esta noche.

Alargadas,
serían un bosquejo de vos en la ducha
cuando tratabas de hablarme
bajo un chorro de agua
que apagó tus palabras.

Solamente vi tus ojos
como ahora creo mirar
nuestra historia bajando por una esquina.

La falta de oralidad,
mezcla de tu silencio
con mi imaginación.


Camino a Assateague Island

El viento corría espantado,
pasaba entre las piernas,
hacía volar los extremos de la bufanda
y nos cubría el rostro.

Había advertencias que salían
en las esquinas,
por eso nunca llegamos al final.
No entramos al muelle.
Tampoco vimos ponis salvajes
desde un sendero apagado por la noche.

Al regreso,
en el número 45,
yo mirando un mapa,
vos con un guante en el bolsillo.

Dos siluetas distantes,
una imagen consumiendo espacio.



Nosotros en holograma

Nos vemos a las 9:30 p.m.

Te llevo a conocer un sitio
al que nunca se te va a ocurrir volver.

Intento hacerte bailar.
Pero no sabés
vestir ligero,
ni respirar
entre tanta humedad.

De lejos,
alguien nos observa.
Imagina que vos y yo
salimos a menudo.

Que te quiero.

Y le alegra.



Noches de auto castigo

En tu baño,
bajo la luz verde del fluorescente,
comparo mi cabellera de tres centímetros de longitud
(creciendo sin forma)
con un cabello largo negro
de unos veinticinco centímetros,
que adherido al marco de la puerta
blanca, brillante y sudorosa,
como el reflejo de mi cara en el espejo,
me muestra
que no puede ser mío,
pero tampoco tuyo.


Impulsos

Cuando me preguntaste
sobre mis equívocos y nuestra separación,
contesté no saber
lo que prefiero ignorar.
No me creíste.
Yo corrí a la enciclopedia.


¿ Y ?

Nos sentamos:
recorrido visual por tus manos,
una sonrisa cuando llego a tu mirada
ya fija en la mía
después de segundos de reojo.
Devolvés la sonrisa
y me queda la duda.


Actos paralelos a tus propuestas

Las gradas cimbraban,
luces, emoción,
yo girando el cuerpo.

Casi no se podía hablar,
tus gritos los descifré con angustia
y actitud de receptor.

Entonces, empecé a bajar despacio,
disimulando el despeinado,
la ceguera
y quedarme dormida
antes de tiempo.

Creí que te sujetaba la mano,
más bien, te vi al frente,
sentado y bostezando.

Yo de pie,
con los brazos enredados
en alguien que voy a conocer.



Cada tanto me gustaría ser inolvidable

Soy la muchacha en la cama,
debajo de un edredón,
con un espacio vacío a mi derecha
y el teléfono desocupado.

No quiero apagar la luz
para que no me den por dormida.

Espero distinguir entre todos los murmullos
un carro que suba hacia el este,
se desvíe al sur, se parquee en frente o diagonal a mi casa,
pasos, un manojo de llaves,
el estruendo del portón desengrasado, y
luego una voz que salude a mi gata.

Pasan los minutos. Se acumula el sueño.
Van cesando los murmullos
o al menos son más espaciados
y no suenan a vos.

Me acuesto con la consigna de que
el mundo no se va a acabar mañana.



Mi crianza

No la conozco.

Se aparece alguna vez
en el retrovisor del automóvil de mi padre
cuando pido dinero.

La imagino sola, retorciéndose,
con los ojos abiertos, como si
permanentemente indagara a la vida.
Y diciéndome muy despacio:
“creés en menos cosas que yo.”



En vez de las rondas(para mi hermano)

Nunca hubo luz en el rincón
que separaba mi cuarto del tuyo.
Por eso queríamos construir un túnel
en lo alto de nuestros clóset.
Montarnos allá arriba,
dejar abajo la inundación,
a padre y madre flotando.



Carita Linda

No recuerdo en qué lugar la vi primero.

Vestía toda de amarillo,
iba con el tamaño de
las muñecas de mi repisa.

Le creció pelo y cuerpo.
Fuera de la escala de mis juguetes,
prefiere la ropa oscura
y sentarse en un caño
a untarse de moretes y picaduras.

Igual,
cuando la miro,
viene con dos lágrimas largas.
Se sujeta de mis manos. Aprieta.
Inspira y expira,
se seca el rostro.
Me pide que la limpie, la arrope,
le vuelva a cantar algo,
pero que consiga una guitarra eléctrica.



Orgullosos 50

Hojea manuales,
recorre pistas
para diluir las dosis
de abandono y dolor.

No puede.

Lo envía a él lejos,
se retuerce solita
en una biblioteca
de esperanzas.

No logra.

Se prueba ropas.

No gusta.

Frente a los cinco espejos
que tiene en el cuarto,
maldice
los próximos treinta y cinco años
de mala suerte.



1915

Nace en una tribu sin antecedentes.

Mancha sus costuras,
luego las descose y remienda
a la luz de una vela administrada.

Sin comulgar,
se atraviesa en la mirada de otros.

Pero nunca va descalza,
jamás con rulos.

Cada semana,
vuelve a jugar lotería.



Recuento de bienes

Ella viene a mi cuarto,
de visita, dice.
Como si no fuera su tapiz
de flores y color pálido
el que envuelve las paredes.
De mi cama la observo.
Las sábanas se humedecen adheridas a mí,
parezco un capullo de veintitrés años.
Aquí sólo yo me pertenezco.


Farewell

Me voy.
Tu cara
gesticula hiperbólicamente.
Caen más tejidos
en el abismo de
tus surcos faciales.
Además, te cuelga el dedo índice.



Accesorios sanitarios

Recuerdo que de pequeña intuía
que orinar era una pérdida de tiempo.

Entonces hacía algo más a la vez:
me lavaba los dientes,
leía,
peinaba mis muñecas.

Ahora,
mientras orino, pienso.

Sin duda
abandoné labores
que sí duplicaban
el rendimiento de mis segundos
en el baño.




La que trata

Debajo de aleros húmedos,
observé cómo la tarde se iba
a través de los alambres
que entrelazan el paisaje
con las casas de mi barrio.

Y así logré desviar mis
movimientos en una risita.

Momentáneamente, distraer ese
pedazo de mí que siente
las fracciones de segundo
posarse cansadas en el silencio.


Las sillas de la cabeza

A la salida de la escuela.
En la parada de buses.
Haciendo fila en el banco.
Una vez al año,
abren una zanja,
cortan las raíces secundarias,
aseguran una sola posición.
No caminan.
No se van.


Paranoia urbana

Subí la ventana,
puse el seguro.
Me ahogué cien metros
con el humo de mi cigarrillo.
Pasé por cada hueco.
Y tal vez
él sólo trataba de
encontrar
un mejor punto
para cruzar la calle.


Plan de vida

Opinión:
La gente
nace,
se alimenta,
crece,
se multiplica
y muere.
Hecho:
la gente
nace,
se alimenta,
crece,
se divide,
porque si no
se muere.


Imagen puntiaguda

Ahora mismo
se imagina
que alguien,
sorpresivamente,
la arrastra por las piedras
y que uno de sus brazos se quiebra.
Son pensamientos de soledad,
soluciones para la desesperación.
Luego va plácida,
con el viento en la cara,
recogiendo hojas secas en el camino.


Razones para no creer

John Di,
un borracho que me acosa en la oscuridad,
dice que si lo desprecio a él,
en realidad rechazo
a Jesucristo y a la Virgen de Guadalupe.




Ficha de información social

Toqué la puerta repetidas veces,
no creía en la ausencia
que el silencio daba por respuesta.

De un puntapié se entreabrió la lata
sujetada por dos bisagras.

Tomándola por el agujero
al medio de la arista derecha,
se hizo espacio un cuerpo.

Desde afuera escuché el revuelco
y olí humos capaces de provocar
alucinaciones de salamandras y odios.

Explicó el casamiento en diciembre, los hijos,
que aumentó diez kilos, las filas desde
las cinco de la mañana, el trabajo cada vez
menos cotidiano, la manía de guardar
más papeles que buenos recuerdos.

No es conjetura,
impresiona que no exista
una tasa de suicidio más elevada.




Sí hay sueño americano

Me gusta disimular,
voy sin maquillaje,
el pelo en la cara,
con cualquier ropa
para andar por alguna calle
y llegar a un edificio.

Allí soy retribuida por no hacer nada
y hablar con personas que no conozco
a pesar de reconocer sus voces.

Las conversaciones transcurren rápido,
mecánicas, más repasadas
mientras pasa el tiempo.

Con ansias de que suceda algo,
después de la jornada,
regreso a casa.
Encuentro ¡al fin!
caras conocidas en la televisión.



Cuento de madrugada ( o tuve un amante terrible)

1.
Besé a un hombre
con falda y pelo largo.

2.
Di vuelta, tomé el bus. Me fui.

3.
Llegué a casa
y el perro ciego
no distinguió mi olor revuelto.

4.
Nadie me mira a los ojos,
o ¿será al revés?

5.
Yo era la que tenía vejiga fuerte,
la que podía seguir bailando
mientras hacía fila en el baño.

6.
Desearía no tener memorizados
a los tipos que piden
limosna en estas calles.

7.
Hoy entregué la llave.

8.
No siempre fue así.
No tenía que caer enferma
Para poder descansar ininterrumpidamente.

¿Me detendré?



30 A

i.

Las niñas no tienen tetas.
Recortan los escotes de barbie para sí mismas,
soñando con el momento de ser fértiles y frondosas.

ii.

Cuando el cabello llega a la cintura
y el premio de belleza está obtenido,
reconocerse es sinónimo de mirar al espejo.

iii.


Con espanto,
las vírgenes ,
cualquier madrugada,
despiertan con el oso de peluche
casi estrangulado entre sus piernas.

iv.

La vida glamour por delante.
Como ensayado en el juego infantil,
las tetas plásticas y erguidas,
llenas de nada, faltas de leche.

v.

Normal: matrimonio, hijos.
Espera tener tiempo
para cuidar esos 60 cm de cabellera.
Conservar el bronceado.

vi.

La niña con tetas sonríe,
pasa su mano por dentro de la pretina del jeans
para tantear si vive este sueño.
Sólo se acaricia,
sin pellizcos,
para no despertar nunca,
para no dar cuentas a la vida.